Los árbitros preparaban sus relojes y la mesa de control organizaban las planillas del encuentro, solo era esperar a que dieran el OK para que empezara a rodar la bocha.
Cardenales frente a Jockey Club, por un lado esas camisetas de color bordo junto con una franja celeste y blanca (Un cierto parentesco con la bandera Argentina, pero con un tono mas oscuro), mientras que en el local, una cruz roja con bordes negros, acompañan al amarillo clásico que caracteriza al club.
Como es costumbre, los gritos a las jugadoras por algún movimiento incorrecto en la cancha o simplemente por que las cosas no están saliendo como ellos buscan. Si de ellos hablamos, de los entrenadores. Esa persona que por lo general no se encuentra tranquila en el banco de suplentes, -excepto cuando van ganando-, lo viven de manera intensa que al parecer son ellos los protagonistas del encuentro. Dan vueltas, vueltas y vueltas pensando en como resolver los problemas que les surgen, desde un "Vamos, vamos, vamos chicas que hay que levantar", o un "Presiona en banda derecha para tratar de recuperar la bocha", frases que en esta ocasión en los dos técnicos, tanto en Ariel Mairatta como en Sebastián Molina (un poco mas fervoroso ya que, a pesar de que era un rival a respetar, no se esperaba el resultado tan abultado), se escucharon.
Esta vez el duelo se lo llevo la visita por un contundente 4 a 0, lo que demostró que al no tener un orden y estrategia afianzados, los resultados son adversos. Es por eso que el entrenador es el punto vital de un equipo y en esta ocasión Cardenales no supo llevar a cabo el planteo de Molina.
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